El plástico que no vemos: cómo los residuos terminan afectando los océanos y nuestra vida
Las proyecciones para este año estiman una generación global de 227 millones de toneladas de residuos plásticos, equivalente a unos 27,4 kilogramos por persona.
De ese volumen, alrededor de 72 millones de toneladas podrían terminar en la naturaleza debido a una gestión deficiente, la quema a cielo abierto o el vertimiento directo en entornos acuáticos.
Una parte de estos residuos llega a los ríos y, posteriormente, a los océanos. Allí el problema no siempre es visible. El plástico puede fragmentarse en partículas cada vez más pequeñas que terminan incorporándose a las cadenas alimentarias.
“Lo que no se ve es lo que más preocupa”, explica Ferney Díaz, coordinador de Cambios de Comportamiento y Sostenibilidad de WWF, quien advierte sobre la presencia de microplásticos en peces, corales y otros organismos marinos.
Para Díaz, existe una paradoja: aunque aumenta la cantidad de plástico que se gestiona, también continúa creciendo la producción de plástico nuevo. “Estamos generando mucho más plástico de lo que somos capaces de gestionar”, señala.
El especialista considera que reducir el consumo, fortalecer los procesos de economía circular y mejorar la gestión de los residuos son algunas de las acciones necesarias para disminuir el impacto.
También destaca que la contaminación por plástico no es un problema aislado de los océanos, sino que puede terminar afectando la vida cotidiana de las personas.
La solución, plantea, requiere acciones tanto individuales como institucionales: identificar cuánto plástico se utiliza, reducir aquello que sea posible y garantizar una disposición adecuada del material que inevitablemente deba utilizarse.