Entre apagones y escasez, un agrónomo cubano cultiva un jardín de orquídeas
En San Miguel del Padrón, un barrio de las afueras de La Habana marcado por calles deterioradas, basura y fachadas desgastadas, Lorenzo Suárez cultiva cerca de un centenar de especies e híbridos de estas flores.
Amarillas, azules, moteadas y rayadas, las orquídeas llenan de color los espacios de su vivienda y contrastan con el deterioro que se observa en el exterior.
Suárez es agrónomo de formación y aprendió sobre mejoramiento genético mientras trabajaba con cultivos como tomate, arroz, yuca y malanga, productos habituales en la alimentación cubana.
En un país donde existe un mercado limitado para las orquídeas y escasean las tiendas especializadas en jardinería, su colección no nació como un negocio de producción masiva.
El jardín se convirtió, en cambio, en un espacio dedicado al cultivo y la experimentación, donde Suárez aplica sus conocimientos como agrónomo para conservar y desarrollar diferentes variedades.
Mientras en las calles de su barrio persisten las dificultades provocadas por la crisis, dentro de su casa las flores ofrecen un contraste inesperado: un pequeño espacio de naturaleza y color construido a partir de su pasión por la agricultura.