La paradoja del agua en América Latina: sobra el recurso, pero millones no pueden acceder a él
Más de 2.100 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable gestionada de forma segura y 3.400 millones carecen de servicios adecuados de saneamiento, según un informe de las Naciones Unidas sobre los derechos al agua y al saneamiento.
En América Latina y el Caribe, la situación resulta paradójica. Aunque la región concentra cerca del 30 % del agua dulce del planeta, más de 166 millones de personas aún viven sin acceso seguro a este recurso.
“Esto es una crisis de equidad y afecta principalmente a los niños y niñas. Cuando una familia no tiene acceso a agua potable, aumentan los riesgos de enfermedad y se comprometen sus oportunidades de desarrollo”, afirmó João Diniz, director regional de World Vision para América Latina y el Caribe.
El especialista señaló que detrás de esta problemática existen factores estructurales como la falta de inversión en infraestructura y saneamiento. Actualmente, cerca de 440 millones de personas en la región no cuentan con servicios básicos en esta materia.
A ello se suman los efectos del cambio climático, que están agravando las sequías, los eventos extremos y la contaminación de las fuentes hídricas.
“La degradación ambiental y el cambio climático están afectando cada vez más las fuentes de agua. Estamos viendo sequías más largas, eventos extremos más frecuentes y mayores niveles de contaminación”, explicó Diniz.
El informe de Naciones Unidas también advierte sobre nuevas amenazas, entre ellas el uso del agua en conflictos armados y el creciente consumo de recursos hídricos por parte de los centros de datos que sostienen la infraestructura digital.
Frente a este panorama, organizaciones como World Vision hacen un llamado a acelerar las acciones para cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6, que busca garantizar el acceso universal al agua y al saneamiento antes de 2030.
“La solución existe, pero requiere voluntad política, inversión y coordinación. Para alcanzar la meta en 2030 necesitamos avanzar hasta siete veces más rápido de lo que lo estamos haciendo actualmente”, concluyó Diniz.