Océanos al límite: el récord de calor que confirma la gravedad de la crisis climática
Las altas temperaturas globales no ceden y gran parte de ese exceso de calor termina en el mar. La ciencia estima que los océanos absorben cerca del 90 % del calor atrapado por los gases de efecto invernadero, actuando como un enorme sumidero natural que, sin embargo, empieza a mostrar signos de saturación.
El informe científico revela que el calentamiento no es homogéneo. En 2025, el 16 % de la superficie oceánica mundial registró un contenido de calor récord y un 33 % se ubicó entre los valores más altos jamás observados. Las zonas más afectadas fueron los océanos tropicales, el Atlántico Sur, el Pacífico Norte y el Océano Austral.
Para el investigadorKevin E. Trenberth, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de la NSF, este fenómeno tiene efectos directos sobre el sistema climático. “Además, puede haber cambios significativos en el nivel del mar debido al agua almacenada en la tierra”, advirtió, subrayando la relación entre el calentamiento oceánico y el aumento del nivel del mar.
Trenberth también enfatizó la importancia del monitoreo permanente. “El seguimiento del agua, así como del calor, no solo es extremadamente útil, sino esencial para comprender plenamente la variabilidad y las tendencias”, señaló, destacando que estos datos son clave para anticipar impactos futuros.
Desde Greenpeace, Laura Caicedo recordó que el océano es vital para la vida. “El 70 % del planeta está cubierto por océanos, producen cerca del 70 % del oxígeno que respiramos y absorben el 90 % del calor de la crisis climática”, explicó. Sin embargo, alertó que el aumento sostenido de la temperatura ya está generando impactos visibles.
En Colombia, un país bioceánico, uno de los efectos más graves se observa en los arrecifes de coral, se advierte que variaciones de uno o dos grados son suficientes para alterar estos ecosistemas, la pérdida de corales tiene consecuencias directas para las comunidades costeras.
El calentamiento del océano también altera el ciclo del agua. Menos lluvias, sequías más frecuentes y embalses con bajos niveles son parte de una cadena de impactos que ya se siente en ciudades y zonas rurales. “Si bien el panorama es preocupante, tomar acciones hoy para reducir emisiones, proteger bosques y avanzar hacia energías limpias puede evitar escenarios irreversibles”, concluyó Caicedo.