¿Quién dirige el Vaticano si León XIV queda incapacitado? El vacío legal que está preocupando a la Iglesia
La operación pulmonar del papa León XIV y el diagnóstico de cáncer de pulmón reavivaron una pregunta delicada para la Iglesia católica: ¿quién asume el mando si el pontífice sigue con vida, pero queda incapacitado para gobernar?
A diferencia de lo que sucede cuando un papa muere o renuncia, el derecho canónico no establece un procedimiento al detalle para transferir sus atribuciones en caso de una enfermedad que le impida ejercer de pleno sus funciones. En ese escenario, la autoridad papal no pasa automáticamente a otro cardenal.
Según un análisis que publicó la BBC Mundo, la respuesta más precisa es que el papa sigue siendo la máxima autoridad de la Iglesia mientras permanezca en el cargo. No obstante, aunque la Curia Romana puede mantener en funcionamiento la administración eclesiástica, ningún funcionario adquiere por esa vía todas las facultades reservadas al pontífice.
León XIV, de 71 años, fue sometido a una intervención de cerca de 90 minutos en el Hospital Gemelli de Roma, en la cual le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho. El Vaticano informó que pasó una noche tranquila, momento en el que persistía la incertidumbre acerca de sus próximos compromisos, incluido un viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú.
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, tiene un papel central en la gestión diplomática y administrativa de la Santa Sede. Su función suele compararse con la de un primer ministro, pero sus competencias no sustituyen las del papa.
Parolin supervisa asuntos políticos y diplomáticos, pero no puede asumir decisiones que corresponden únicamente al pontífice, como determinados nombramientos episcopales o la aprobación de canonizaciones.
El especialista en asuntos vaticanos Filipe Domingues detalló a BBC Mundo en 2025 que, si el papa no estuviese consciente, la estructura administrativa podría seguir funcionando, con los cardenales desempeñando sus respectivas responsabilidades.
El canon 335 contempla la posibilidad de que la Santa Sede esté vacante o al total impedida, pero no define con precisión cómo actuar frente a una incapacidad prolongada del papa. En cambio, la legislación eclesiástica sí establece mecanismos para los obispos que no pueden ejercer sus funciones.
La renuncia de igual forma no resuelve automáticamente el problema. El derecho canónico exige que la dimisión papal sea libre y manifiesta, lo que plantea dudas acerca de cómo podría hacerse efectiva si el pontífice perdiera la capacidad de expresar su voluntad.
Pablo VI contempló esa posibilidad en 1965 y Francisco confirmó en 2022 que dejó escrita una carta de renuncia para una eventual incapacidad médica. No obstante, no hay un procedimiento formal universalmente establecido para activar ese documento si el papa no puede manifestarse.
En 2021, un grupo de expertos propuso que el Colegio Cardenalicio asumiera temporalmente la administración y que una comisión médica analizara periódicamente la condición del pontífice. La propuesta no se ha convertido en una norma oficial.
Así bien, la situación de León XIV pone de nuevo sobre la mesa un asunto institucional pendiente: cómo garantizar la continuidad de la Iglesia católica si su máxima autoridad queda incapacitada durante un periodo prolongado.