“Artemis II marca un antes y un después en la medición de radiación espacial”, asegura Omar Arias

Artemis II

“Artemis II marca un antes y un después en la medición de radiación espacial”, asegura Omar Arias

Programa: Clic Verde
La misión Artemis II no solo marca un hito en la exploración espacial, sino que abre un debate crucial: cómo proteger la vida humana fuera del escudo natural de la Tierra. Los datos obtenidos serán clave para futuras expediciones a la Luna y Marte.

La histórica misión Artemis II ha llevado a la humanidad a uno de los puntos más lejanos jamás alcanzados respecto a la Tierra, pero más allá del logro tecnológico, su verdadero aporte está en lo que ocurre a nivel invisible: la exposición a la radiación en el espacio profundo.

Para Omar Arias, especialista en protección radiológica, esta misión representa un antes y un después en la manera en que se planifican los viajes espaciales. “Estamos midiendo la cantidad de radiación que reciben los astronautas fuera de la protección del planeta, algo que nunca habíamos podido hacer con este nivel de precisión”, explica.

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En la Tierra, tanto la atmósfera como el campo magnético funcionan como un escudo natural frente a partículas altamente energéticas provenientes del Sol y del espacio profundo. Incluso misiones en la órbita baja, como las de la Estación Espacial Internacional, permanecen bajo esa protección, sin embargo, Artemis II rompe ese límite.

“El momento más crítico ocurre cuando la nave supera los cinturones de Van Allen y se acerca a la Luna. Allí ya no existe la protección del campo magnético terrestre, y es donde se registran los niveles más altos de radiación que ha recibido una tripulación”, detalla Arias.

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La radiación ionizante puede generar efectos determinísticos (como daños en la piel o pérdida de cabello), pero también efectos estocásticos, como el aumento en la probabilidad de desarrollar cáncer. De ahí la importancia de medir con precisión estos niveles.

Uno de los avances clave de la misión es el uso de dosímetros en tiempo real, que permiten conocer exactamente cuánta radiación reciben los astronautas durante el viaje. Además, la cápsula Orión incorpora un espacio diseñado para actuar como refugio en caso de eventos de alta radiación.

Los datos recopilados serán fundamentales para el desarrollo de los futuros trajes espaciales xEMU y para diseñar hábitats seguros en la Luna o incluso en Marte. “Si queremos tener bases permanentes fuera de la Tierra, necesitamos saber exactamente de qué debemos protegernos”, señala Arias.

El especialista subraya que la atmósfera y el campo magnético son elementos esenciales para la vida, y que su fragilidad debería ser un llamado a la conciencia global. “Entender lo vulnerable que es nuestro ecosistema es quizás una de las lecciones más importantes que nos deja Artemis II”.

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