Carne cultivada: podría reducir el uso de tierra hasta un 90 %, pero aún enfrenta retos ambientales y económicos

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Carne cultivada: podría reducir el uso de tierra hasta un 90 %, pero aún enfrenta retos ambientales y económicos

Programa: Clic Verde
Carne Laboratorio - Foto Canva
La carne cultivada a partir de células animales busca ofrecer una alternativa a la producción ganadera tradicional. Aunque podría reducir la presión sobre los bosques y las emisiones de gases de efecto invernadero, su impacto ambiental dependerá de la energía utilizada y de los avances para producirla a gran escala.

La posibilidad de producir carne sin criar ni sacrificar animales para obtener cada porción ya no pertenece exclusivamente a la ciencia ficción. La carne cultivada se desarrolla a partir de células animales que crecen en condiciones controladas. Sin embargo, todavía enfrenta desafíos tecnológicos y económicos antes de convertirse en una alternativa accesible para los consumidores.

Hanna Tuomisto, profesora del Departamento de Ciencias Agrícolas de la Universidad de Helsinki e investigadora del Instituto de Recursos Naturales de Finlandia, explica que algunos estudios estiman que esta tecnología podría utilizar hasta un 90 % menos de tierra que la producción de carne de res. Esto reduciría la presión sobre los ecosistemas, pues una menor demanda de terrenos para la ganadería y el cultivo de alimento para animales podría contribuir a disminuir la deforestación.

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“La carne cultivada podría reducir sustancialmente el impacto ambiental de los sistemas alimentarios, ya que utiliza mucha menos tierra, por ejemplo, que la que se requiere para la producción de carne de res”, señala Tuomisto.

Aunque la carne cultivada podría ofrecer beneficios ambientales, los resultados no están garantizados. Su producción puede requerir cantidades importantes de energía, por lo que la huella de carbono dependerá tanto de la eficiencia de los procesos como de la fuente energética.

“Si la energía para la producción de carne cultivada proviene de fuentes de bajas emisiones, como la energía eólica o solar, las emisiones son mucho menores”, advierte Tuomisto. En cambio, si las instalaciones dependen de combustibles fósiles, el impacto climático podría aumentar e incluso superar al de la carne convencional, según las condiciones de producción.

La científica señala que las estimaciones actuales tienen un alto grado de incertidumbre porque todavía no existe una producción a gran escala que permita conocer con precisión su desempeño ambiental.

“No creo que la carne cultivada sea una solución a corto plazo para el problema climático”, afirma Tuomisto. La investigadora considera que, mientras avanza el desarrollo de esta tecnología, es necesario recurrir a otras proteínas alternativas. A su juicio, la carne cultivada podría convertirse en una opción a más largo plazo, posiblemente en unos 20 años.


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