Revolución circular: por la economía, el bienestar y el planeta

Economía circular

Revolución circular: por la economía, el bienestar y el planeta

Se trata de entender que no hay basura, sino recursos que se transforman en otros productos o en energía.

Tomar-hacer-desechar es la regla del actual modelo económico, responsable en gran medida del agotamiento de los recursos y de los efectos adversos del cambio climático que afectan directamente nuestra salud y bienestar. De acuerdo con el World Resources Institute, el uso de recursos se ha triplicado desde 1970 y se puede duplicar a 2050, si no tomamos acción.

Por su parte, “reducir, reutilizar, reciclar y regenerar” es la propuesta para hacer la transición hacia una “economía circular”, que cambia radicalmente la forma en que producimos y consumimos, para ser más eficientes en el uso de recursos, minimizando el impacto ambiental.

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Se trata de entender que no hay basura, sino recursos que se transforman en otros productos o en energía, maximizando el valor de los mismos y minimizando el impacto ambiental.

La economía circular cierra los ciclos de vida de los productos y los materiales, manteniéndolos en uso durante el mayor tiempo posible a través de nuevos modelos de negocio que incentivan la reducción, la reutilización, el reciclaje, la extensión de la vida útil y la regeneración de los recursos, entre otros.

De acuerdo con los expertos, el 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la fabricación de los productos y los alimentos. Con esta metodología, industrias como las del acero, el cemento, el aluminio y el plástico podrían reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 40% para 2050 (UN).

Igualmente, a través de enfoques de economía circular se puede aprovechar el gas metano que resulta de la descomposición de los residuos orgánicos para producir energía, generando alternativas más sostenibles que la disposición final de estos residuos en los vertederos de las grandes ciudades.

Con este modelo, las empresas pueden lograr la reducción de costos mediante la optimización de los recursos, la incorporación de residuos, agua y energía en los procesos productivos y la creación de cadenas de suministro más eficientes. Lo anterior se traduce también en reducción de emisiones de carbono que se pueden convertir en créditos de carbono para que empresas y países logren sus metas de Net Zero. Se estima que los beneficios económicos de implementar la economía circular son de 4.5 billones de dólares anuales (WRI).

La economía circular no es una utopía, países como Noruega y Suecia reciclan el 97% de sus residuos y compran “basura” a otros países para transformarla en productos con valor agregado y obtener grandes beneficios económicos.

Así como los países desarrollados están viendo en sus residuos un gran potencial, la economía circular es una gran oportunidad económica y social para los países en desarrollo pues genera oportunidades no solo para las grandes industrias, sino para poblaciones vulnerables como los recicladores. En América Latina y el Caribe muchos países han adoptado esta estrategia, con el fin de transformar sus economías, ser más competitivos y disminuir su impacto ambiental.

Es así como economía circular ofrece una hoja de ruta clara para la transición hacia un sistema alineado estrechamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

Por esta razón, es importante que los gobiernos desarrollen políticas e incentivos para que las industrias y la sociedad en general implementen modelos de economía circular. Esto implica educar a las comunidades para que aprendan a separar residuos, incentivar la creación de industrias de reutilización y reciclaje, promover la innovación para el diseño de productos y procesos más eficientes, y estimular los mercados de carbono.

La economía circular ofrece una oportunidad única para abordar los desafíos económicos y ambientales, creando una economía más eficiente, competitiva y resiliente. Con una combinación de voluntad política, inversión adecuada y la participación activa de todos los actores sociales, se puede liderar el camino hacia un futuro más sostenible, donde la economía y el medio ambiente se complementen en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

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